viernes, julio 05, 2013

Nacidos en el burdel

Título: Nacidos en el burdel (Original: Born into Brothels: Caltutta's Red Light Kids)
Dirección: Ross Kaufman y Zana Briski
Guión: Zana Briski y Ross Kauffman
Fotografía en C.: Zana Briski y Ross Kauffman
Música: John McDowell
Edición: Nancy Baker y Ross Kauffman
Con: Shanti Das, Avijit, Gour, Puja Mukerjee, Tapasi, Mamuni, Kochi, Zana Briski ("tía Zana", sin crédito), Sunil Halder (padre de Avijit, sin crédito), Geeta Masi (sin crédito)
Producción: Zana Briski, Ross Kauffman
Duración: 82 mins
País: India-EUA
Año: 2004

Nacidos en el burdel (título original Born into Brothels: Calcutta's Red Light Kids), es un documental producido y dirigido por Zana Briski, una fotógrafa estadounidense, y Ross Kauffman. Es del año 2004 y en él se relata la historia de unos cuantos niños hijos de prostitutas del Distrito Rojo de Calcuta, una zona marginada de la India.


El documental retrata lo ocurrido después de que Zana Briski, que originalmente viajó a Calcuta para fotografiar la vida de los burdeles, enseña a los niños de la zona a tomar fotografías, y a hacer fotografía; así como sus intentos por sacar a los pequeños del Distrito Rojo para asegurarles una mejor calidad de vida.

Estuvo nominado a varios premios entre 2004 y 2005 (por parte de la International Documentary Association, Los Angeles Film Critics Association Award for Best Documentary/Non-Fiction Film, entre otros). Entre sus premios ganados se encuentran, en 2004 el premio a Mejor Película en el Cleveland International Film Festival, y un premio del público, tanto en el Bermuda International Film Festival, como en el  Full Frame Documentary Film Festival. En 2005 obtuvo el premio de la Academia al mejor documental.

Si he de utilizar una palabra para describir el documental, sería intenso. Es intenso y quizá algo más. Todo lo que podemos ver en él, al menos en mi caso particular, me ayudó a darme de que efectivamente hago tormentas en vasos de agua. Me impresiona la sensibilidad que tienen los niños al momento de hacer fotografía. Ésta se vuelve el medio por el que expresan su mundo. Toman fotos de lo que les rodea, de todo lo que les parece interesante, de lo que les llama la atención, lo que les hace felices. ¿Y por qué no? También de lo que les hiere. Y lo hacen sin darle importancia a lo que dice la gente cuando los ve, sin prestarle atención a los insultos porque ¿niños cómo ellos con cámaras en mano? Es casi inaudito.

El documental me dejó con un nudo en la garganta: por la crudeza de algunas imágenes, por las palabras de los niños que, a corta edad, demuestran una forma de concebir el mundo totalmente opuesta a la mía, y eso que tengo al menos diez años más que la mayoría de ellos. Ellos ven el mundo con los ojos de alguien que ha visto, en poco tiempo, mucho más de lo que muchos veremos jamás. Ven el mundo con los ojos de alguien que vive en un ambiente en el que es impensable que se desarrolle un niño sano, física, mental y emocionalmente. Ven el mundo desde la perspectiva de alguien que asegura no necesitar nada en la vida más que ser feliz, sin importar las riquezas o la pobreza.

Aunado a lo ocurrido con los niños, me parece importante destacar la participación de la tía Zana, como le llamaban los pequeños. Su trabajo, visto no desde el punto de vista artístico o didáctico, si se le quiere ver de esa manera (con lo que enseña a los niños), sino desde una perspectiva humana, es de admirar. No cualquiera habría desviado su trabajo original para enfocarse en el desarrollo de unos niños hijos de la escoria de una sociedad, porque así son vistos por muchos. No cualquiera, además, habría gastado tiempo, esfuerzo y dinero para intentar darles una mejor calidad de vida.

Del trabajo de Briski me llama mucho la atención todo lo que nos muestra, que seguramente no es ni la mitad y quizá ni siquiera una cuarta parte de todo lo que sucedió en los años que vivió en Calcuta y en los que convivió con los niños, con sus familias, con la gente del Distrito Rojo. Presenciar muchas de las cosas que se le muestran al espectador en menor escala no debió ser sencillo, elegir cuáles mostrar para dar una idea general de cómo es la vida en ese lugar, tampoco debió serlo.

Nacidos en el burdel y en particular los niños que aparecen en el documental es, a mi parecer, una muestra de que se puede hacer mucho con poco. Los niños hacían fotografía de las cosas para ellos cotidianas (la esquina llena de basura, platos sucios y zapatos), de cosas espontáneas (alguno de los niños mientras camina o corre), de lo que se les ocurría hacer (como cuando uno de ellos fotografía el momento en el que cae un chorro de agua de una cubeta); y lo hacían con una cámara cualquiera, de esas que muchos ya no utilizamos. Eso, y la situación en la que realizan sus fotografías, es de admirar.

Todo es crudo, muestra una cara de una sociedad ajena a nosotros y que aun así cala hondo. Toca la fibra sensible en las personas que lo ven, tal vez en unos más que en otros. A mí, en lo personal, el momento en el que más pena me dio por la situación de los niños es la parte final, cuando se hace un recuento de lo que sucedió con ellos después de realizarse el documental. Algunos de ellos aprovecharon lo que se les enseñó, otros lo desperdiciaron, y algunos más no tuvieron la oportunidad de hacer algo porque un tercero no lo permitió, y eso es triste.

Nacidos en el burdel es un documental que vale la pena verse una, dos, tres o diez veces más y es ampliamente recomendable.

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